martes 23 de agosto de 2011

Juan Luis Cipriani, el dueño absoluto de la verdad.

La controversia entre la Pontificia Universidad Católica del Perú y El Gran Canciller (nombrado por el Vaticano para efectos de su relación con la Universidad) Juan Luis Cipriani, muestra desde todos los ángulos la condición humana y mísera del Primado de la Iglesia Católica Peruana. Está claro que lo que busca el monseñor es el gobierno absoluto de la universidad.
Es legítimo que la Iglesia como institución pueda administrar una universidad según sus normas. Son los estudiantes los que deberían elegir si estudiar en ellas o no. Aquí también debe regir la libertad. Pero no es legítimo que la Iglesia Católica se arrogue la verdad: “La Iglesia siempre estará a la cabeza de esa tarea maravillosa que es la enseñanza de la verdad que se imparte en las universidades, colegios y en la sociedad" ha dicho Juan Luis. ¿A qué verdad se refiere? ¿A que los Derechos Humanos son una cojudez? ¿Llama verdad Juan Luis Cipriani al encubrimiento del pecado de sodomía que sus acólitos y otros como él son fervientes practicantes en agravio de sus feligreses, sin que por esto, la Iglesia Católica, más allá de manifestar su indignación, se haya preocupado en extirparla?  “El representante de Cristo soy yo,- ha declarado con énfasis el Monseñor - y no es que sea perfecto, a mi me juzgará Dios muy exigentemente si no he sido el Cristo que los demás querían ver." Peca de soberbio Juan Luis al igualarse con Cristo, pues Cristo no tenía intereses dinerarios, lo que a él sí le quita el sueño.
Lo que debiera ocupar la agenda de Juan Luis Cipriani, ya que quiere igualarse a Cristo es primeramente a imitar a Jesús en lo austero de su diario vivir y en su amor a los niños. El primer paso en este sentido debe ser expulsar de la Iglesia Católica al sacerdote acusado de violación contra un niño de trece años. Su silencio en este caso lo hace cómplice.